Luz que renace: el solsticio de invierno, la Navidad y el cierre de ciclo
Me gusta retomar las tradiciones de los pueblos en los que hoy me encuentro, tradiciones que sin dudas se fusionan con lo que se vive en el hemisferio sur, donde, debido a los procesos migratorios, América recibió una fuerte influencia de Italia, España y otros países europeos. Yendo un poco a la historia, los celtas, por ejemplo, encendían hogueras y ofrendas en los bosques, celebrando la luz que volvería y reconociendo que cada noche larga siempre es seguida por un día que se alarga. En Roma, entre el 17 y el 23 de diciembre, se celebraba la Saturnalia, una fiesta dedicada a Saturno, dios de la agricultura y la abundancia, llena de banquetes, regalos y alegría comunitaria. Además, el 25 de diciembre honraban al Sol Invictus, símbolo del Sol que renace tras la noche más larga. Siglos después, la Iglesia Católica adoptó estas fechas, fusionando estas antiguas tradiciones solares con el nacimiento de Jesús, generando un momento en el que historia, espiritualidad y luz se entrelazan de manera profunda.
Al mismo tiempo, nos acercamos al fin de un año según el calendario gregoriano, un momento cargado de simbolismo y reflexión. Enero, dedicado a Jano, el dios de las puertas y los comienzos, nos recuerda la importancia de mirar atrás y hacia adelante, de soltar lo que ya no nos sirve y de preparar nuevos comienzos. Si bien en el mundo existen muchos principios y comienzos, dependiendo de la cultura y la ubicación, este momento del solsticio tiene una energía especial, que nos invita a reconectar con nuestra luz interior y a sembrar intenciones conscientes para lo que viene.
Podemos honrar este tiempo con un ritual simple pero poderoso: enciende una vela y dedica unos minutos a agradecer lo vivido y soltar aquello que ya no necesitas. Respira profundo, cierra los ojos y visualiza la luz que vuelve a crecer, como si llenara cada rincón de tu cuerpo y tu hogar. Puedes escribir en un papel aquello que deseas dejar atrás y aquello que quieres atraer, y luego quemarlo con cuidado, entregando tus intenciones al fuego. Este gesto simbólico conecta con la tradición ancestral y nos ayuda a abrirnos al renacer y a la transformación personal.
Después de la noche más larga, cada día es un recordatorio de renacer, de esperanza y de la magia que nos acompaña. Que esta temporada nos inspire a honrar la memoria de los antiguos, celebrar la luz que renace y abrirnos a la transformación, recordando que, aunque existan muchos comienzos, este instante tiene una magia única y especial.
Con amor y gratitud
Belu - desde el caldero humeante de la historia
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