Lavanda: un susurro de calma entre hojas y pétalos

 



Me senté con un manojo de lavanda, traída directamente de esos campos franceses llenos de sol, con el tiempo se seco, y su aroma era tan calido y relajante , flotaba en cada habitación que quise inmortalizarlo en una foto. 

Queria  capturar esa sensación que su aroma me regalaba: la de susurrar historias antiguas, ecos de tiempos donde la vida se vivía con pausa, donde el silencio no era vacío, sino un espacio para reencontrarse con uno mismo. Un espacio de introspección, donde cada respiración se siente como un regreso a casa.

La lavanda ha sido testigo de siglos de calma y rituales.

Los antiguos egipcios la usaban para perfumar templos y preparar baños que celebraban el cuerpo y el espíritu. En Roma, se añadía a las aguas de relajación, mientras los ciudadanos pausaban su ritmo acelerado para reconectar con su respiración y su presencia. Más tarde, en la Europa medieval, se colgaba en ventanas y se llevaba en pequeños saquitos: no solo para purificar el aire, sino para proteger la calma interior, recordándonos que la vida puede ser sencilla, pausada y consciente.

Hoy, podemos recuperar esa frecuencia con pequeños gestos. Colocar lavanda en la habitación y respirar profundamente unos minutos nos conecta con nuestro ritmo natural. Preparar una infusión y observar sus pétalos mientras inhalamos su aroma nos recuerda que nuestra energía puede reajustarse sin prisas, sin esfuerzo, simplemente dejando espacio para sentir. Sostener un manojo de flores mientras escribimos un pensamiento consciente es un micro-ritual que nos devuelve a lo esencial.

Cada pétalo de lavanda lleva consigo la memoria de la calma. Nos recuerda que la vida no siempre tiene que ser acelerada ni ruidosa. Que podemos volver a nuestra frecuencia original, a la quietud que ya vive dentro de nosotros, simplemente respirando, observando y permitiéndonos sentir.

La lavanda no es solo una planta; es  puente, puente  entre lo antiguo y lo presente, entre la historia y nuestra energía, entre la naturaleza y nuestra alma. Hoy, si dejamos que su aroma nos envuelva, nos recuerda que siempre podemos detenernos y reencontrarnos con nosotros mismos.

 La lavanda nos invita a volver a lo esencial.Gracias

Belu Cena
El Caldero de la Historia

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