Equinoccio: entre dos mundos
No pude evitar preguntarme ,mientras la luz y la sombra negocian su delicado equilibrio, si el equinoccio no es, en realidad, una especie de cita a ciegas cósmica.
Ahí estyo yo, en el hemisferio norte, sintiendo cómo el aire todavía guarda restos de invierno, pero con una promesaseductora de la primavera que seguramente en los alpes demorara un poquito más , pero que cuando llegue arrasara con esos aromas herbales en su esplendor, con ese destelloo efervescente del brote impaciente que quiere romper lo cristalizado y hacerse notar con fuerza y vigor.
Y, al mismo tiempo, en algún lugar del hemisferio sur, alguien experimenta lo opuesto: hojas cayendo, finales suaves, una melancolía elegante. ¿Cómo puede el mismo instante contener dos emociones tan distintas? Quizás el equinoccio no es equilibrio… sino dualidad perfectamente sincronizada.
Dicen que los antiguos lo entendían mejor que nosotros. Los celtas, por ejemplo, no hablaban de estaciones como fechas en un calendario, sino como portales. Momentos donde el velo se adelgaza, donde lo visible y lo invisible intercambian miradas. No era casualidad que encendieran fuegos, que caminaran en círculos, que ofrecieran pan y miel a fuerzas que no podían nombrar del todo.
En la vieja Liguria (tan cerca de donde escribo esto) también se hablaba de piedras que “respiran” en ciertos días del año. Lugares donde el viento cambia de dirección sin explicación. Donde, si te quedas en silencio suficiente tiempo, puedes sentir que algo antiguo todavía observa.
Y luego están los misterios... porque claro, siempre hay misterios.
Los espartanos (tan racionales en apariencia) también tenían rituales de transición. No todo era disciplina y guerra. Había noches específicas donde lo masculino y lo femenino, la vida y la muerte, el orden y el caos... dejaban de ser opuestos para volverse necesarios el uno al otro. Como si el universo, por un instante, dejara de elegir bandos.
Quizás por eso el equinoccio se siente tan personal.
Porque no importa en qué hemisferio estés: siempre hay algo en ti que está terminando... y algo que apenas comienza.
Tal vez es una versión de ti misma que ya no encaja.
Tal vez es una idea que insiste en nacer.
Tal vez es una historia que todavía no sabes cómo contar.
Y aquí estoy, con la sospecha de que el equilibrio no es quedarse en el medio... sino aceptar que somos, todo el tiempo, ambas cosas a la vez.
Luz y sombra.
Inicio y cierre.
Magia y rutina.
Así que hoy enciendo una vela (no por tradición, sino por intuición) para acompañarnos en este cambio y para atrevernos a mirarlo de frente , aceptando todo lo que vendrá.
Nos abarazo fuerte
Belu
desde el caldero humeante de la historia



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